La aceptación de pagos electrónicos en México aún es limitada, pero alianzas innovadoras buscan reducir comisiones y promover la inclusión financiera.
En México, solo una minoría de los pequeños y medianos comercios ha adoptado el uso de pagos con tarjeta, a pesar de la creciente tendencia a la digitalización en el comercio minorista. La realización de transacciones electrónicas suele implicar comisiones que, en promedio, alcanzan el 5%, generando un debate sobre quién debe asumir este costo y cómo puede afectarse la rentabilidad de los negocios. La práctica de cargar estos cargos a los clientes mediante tarifas adicionales, aunque común, está desaconsejada por la legislación de protección al consumidor, que exige transparencia en los gastos.
En respuesta, algunos bancos han comenzado a ofrecer tarifas preferenciales para los pequeños comerciantes. Destaca un acuerdo entre la Asociación de Pequeños Comercios (Anpec) y BBVA, que permite cobrar comisiones de aproximadamente 0.85%, mucho menor que las tasas estándar, facilitando la adopción del método de pago sin afectar la rentabilidad. Solo un 10% de los afiliados a esta alianza ha optado por integrar la cobranza digital, pero la iniciativa marca un precedente, evidenciando que es posible reducir costos y ampliar la inclusión financiera en sectores vulnerables.
A pesar de estos avances, expertos señalan que el sistema bancario aún favorece a perfiles crediticios más altos, dejando fuera a quienes tienen mayores dificultades de acceso. Esto limita la adopción masiva de pagos electrónicos y mantiene a una parte importante de la población excluida del sistema financiero formal. La clave para potenciar esta transformación radica en políticas que promuevan la banca inclusiva y en un entorno que favorezca a los pequeños negocios en su transición digital.
