Washington D.C. – La interrupción de la financiación del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) ha superado los 44 días, convirtiéndose en el cierre gubernamental más prolongado en la historia de Estados Unidos. Esta situación, que comenzó el 14 de febrero, ha llevado a crisis en diversos servicios.
A pesar de que otras agencias del gobierno federal cuentan con financiamiento adecuado, el DHS se enfrenta a desafíos significativos. Las negociaciones para reabrir el departamento han fracasado, especialmente después de que los republicanos de la Cámara de Representantes aprobaran un proyecto de ley de corto plazo que no tiene apoyo en el Senado.
El proyecto bipartidista inicialmente propuesto en el Senado, que incluye fondos para el DHS, excluye a las agencias de control migratorio como el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Desde que se inició el cierre, el Senado ha intentado avanzar con el proyecto, enfrentándose a la dificultad de alcanzar el umbral requerido de 60 votos.
La crisis ha impactado en gran medida los aeropuertos de Estados Unidos, donde las filas de seguridad han crecido significativamente debido a la falta de personal de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA). A pesar de su presencia laboral, los agentes TSA han encontrado dificultades económicas, lo que ha provocado renuncias y ausencias.
El presidente Donald Trump ha tomado medidas para asegurar el pago a los trabajadores de la TSA, que se espera llegue pronto. Los agentes de ICE, quienes están asignados para asistir a TSA en los aeropuertos, siguen recibiendo sus salarios, ya que su financiación proviene de un proyecto de ley anterior.
Con el Senado programado para estar fuera hasta el 13 de abril y la Cámara hasta el 14 de abril, las posibilidades de un cierre inminente son escasas.

