Ciudad de México. – El año 2025 en México estuvo marcado por un fenómeno inflacionario que, si bien cerró el año con cifras generales dentro del objetivo del Banco de México, impactó de manera desproporcionada el presupuesto de los hogares mexicanos, especialmente en productos de consumo básico. A pesar de que la inflación anual se ubicó en 3.69% al cierre del año, una reducción frente al 4.21% de diciembre de 2024, este promedio oculta incrementos alarmantes de hasta 64.40% en artículos específicos, mermando el poder adquisitivo de millones de personas.
El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reveló que el chile serrano fue el producto que más se encareció, con un aumento del 64.40%, convirtiéndose en un símbolo de la presión inflacionaria en los alimentos frescos. Otros productos agrícolas y cárnicos también registraron alzas significativas, como el café tostado (27.58%), otros chiles frescos (27.47%), tomate verde (25.91%), y diversas presentaciones de carne de res, con incrementos superiores al 16% en algunos casos.
Este panorama, donde la inflación general se percibe de manera distinta a la realidad del bolsillo, se explica por la heterogeneidad de los aumentos. Alimentos esenciales y productos de consumo diario sufrieron presiones significativas, obligando a las familias a ajustar sus hábitos de consumo y buscar alternativas más económicas.
Analistas advierten que, a pesar de que la inflación se ha mantenido controlada, los riesgos para 2026 son latentes. La inflación subyacente, que incluye alimentos procesados, bebidas, vivienda y servicios, se mantiene por encima del 4%. Factores como posibles incrementos al IEPS, aranceles a importaciones, una mayor actividad económica que eleve la demanda, y la persistencia de la inflación en servicios, podrían presionar los precios al alza. Instituciones financieras como Monex y Banamex anticipan un repunte inflacionario a inicios de 2026 debido a impuestos y aranceles que entraron en vigor el 1 de enero.
El efecto inflacionario de 2025 subraya la importancia de monitorear no solo las cifras macroeconómicas, sino también el comportamiento de los precios en productos clave para el consumo diario, sentando las bases para una preparación ante un entorno económico incierto.


