Ciudad de México. – Lola Beltrán, nacida Dolores Beltrán Ruiz, comenzó su trayectoria en El Rosario, Sinaloa, donde soñaba con ser secretaria. Participando en concursos de aficionados, jamás imaginó que se convertiría en una de las figuras más emblemáticas de la música ranchera en México.
A 30 años de su muerte, el 24 de marzo de 1996, su legado se extiende más allá de sus interpretaciones musicales. Su figura se mantiene vigente en la cultura popular mexicana y es recordada por su hija, María Elena Leal, quien destaca que ser un ícono es el resultado de la conexión con el pueblo, no solo de un esfuerzo personal.
En la década de 1950, Lola llegó a la Ciudad de México en busca de oportunidades. Ingresó a la XEW, inicialmente como secretaria, hasta que una gira de audiciones le abrió la puerta. Su voz impresionó al compositor Tata Nacho, lo que le permitió unirse a “Así es mi tierra”, un programa crucial para la difusión de la música ranchera.
Lola enfrentó el reto de destacarse en una industria dominada por hombres. Sin redes de apoyo ni contactos, su carrera fue el resultado de su perseverancia. María Elena Leal recuerda que su madre se abrió camino gracias a su determinación, aunque no buscaba romper barreras, lo logró. La conexión que estableció con el público fue fundamental para su éxito.
A tres décadas de su fallecimiento, la música ranchera enfrenta un reto en la exposición que recibe entre las nuevas generaciones. María Elena expresa la necesidad de dar a conocer la figura de su madre a quienes aún no la conocen. Para ello, organiza homenajes que celebran su vida y su carrera, rescatando momentos históricos como su actuación en el Palacio de Bellas Artes en 1976.
El 28 de marzo se realizará un homenaje en El Rosario, Sinaloa, donde se espera la participación de varios artistas en tributo a su legado.

